#Eficacia 10: ¿Para qué usas tu cerebro?

“El universo aborrece el vacío: una corriente eléctrica no fluirá por una vía bloqueada. Cuando hay demasiadas distracciones y acuerdos desatendidos en el espacio mental, el flujo es limitado. Si quieres atraer y promover un pensamiento nuevo y productivo, debes limpiar primero las tuberías, y verás como surge casi por sí solo” David Allen

Es difícil ser creativos cuando estamos estresados y tenemos mil temas pendientes en la cabeza.
Aunque intuimos que tenemos demasiadas cosas en nuestra memoria, la mayoría de las personas se sorprenden, tras hacer un barrido mental, del elevadísimo número de «cosas» que tenían en la cabeza. Y la gran mayoría se sienten relajadas y liberadas después de haber hecho el ejercicio de identificar y reunir todas las cosas de su vida o de su trabajo sobre las que tienen que tomar una decisión o hacer algo al respecto.

Todos sabemos que el tamaño de nuestra memoria es limitado, que nos sentimos estresados como consecuencia de la cantidad de temas que llevamos en la cabeza y que nos sentimos inseguros cuando pedimos a nuestra mente que haga el esfuerzo de ocuparse de recordarnos nuestros asuntos pendientes. Por todo esto, la propuesta que nos hace GTD® para evitar el estrés es la de despejar la mente, dejar de usar nuestro cerebro como un gestor de tareas y pasar a usarlo para aquello en lo que es realmente bueno, que es pensar, decidir, crear, razonar, innovar…

Supongo que hay motivos, algunos conscientes y otros inconscientes, por los que a algunas personas se resisten a cambiar y siguen usando su mente como gestor de tareas. Se me ocurren algunas:

  • Nos permite seguir manteniendo la confusión sobre cómo de “súper inteligentes”, “súper capaces” y “súper creativos” somos. Podríamos ser mucho más de lo que somos, pero no lo podemos demostrar por culpa de todas esas «cosas» que nos preocupan y que tenemos almacenadas en nuestra mente y de las que nos tendríamos que ocupar, pero nunca lo hacemos.
  • Evitamos el riesgo de defraudar a los demás, o a nosotros mismos, descubriendo cuando ponemos sobre el papel nuestros compromisos reales que objetivamente no somos esa persona con tantas responsabilidades ni tampoco son tantos, ni tan importantes, nuestros compromisos como parecía.
  • Podemos transmitir esa imagen de «conejo blanco en el país de las maravillas», siempre ocupado y siempre con prisa, para tener una excusa muy fácil con la que  evitar comprometernos con aquellas cosas que no nos apetecen.

Seguro que hay muchos más motivos para seguir llenando nuestra mente de asuntos pendientes, de compromisos y de temas sobre los que posponemos tomar una decisión. Lo cierto es que la gente que se atreve a cambiar, y dejar de usar su cabeza como un mal gestor de tareas, vive una experiencia realmente liberadora.

Dejar de obligar a nuestro cerebro a que trabaje como un sistema de recordatorios y gestión personal nos permitirá empezar a experimentar cómo mejora su rendimiento y nos permitirá disfrutar de un cerebro preparado y dispuesto para demostrarte de lo que es capaz.

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