#Eficacia 4: ¿cuál es la realidad total de tu trabajo?

Girl wearing backpack and holding map, waiting for a train.“Un mapa no sirve de nada hasta que no sabes cuál es tu posición en él” David Allen

Es difícil que tu trabajo sea distinto, o mejor, si no tienes claro cuál es tu trabajo.

Buscar referencia en el presente y completar de forma objetiva tu realidad te permitirá reducir la confusión. Además, clarificar y organizar lo que tienes delante, ahora mismo, con un mínimo detalle, abrirá las puertas de tu inspiración y tu creatividad ante lo que te va a venir, sin necesidad de realizar ningún esfuerzo por tu parte.

Para poder dar respuesta a la pregunta ¿cuál es la realidad total de tu trabajo?, David Allen nos propone que respondamos a estas 6 cuestiones:

  1.  ¿Cuáles son tus tareas actuales?
  2.  ¿Cuáles son tus proyectos actuales?
  3.  ¿Cuáles son tus áreas de responsabilidad?
  4. ¿Qué metas y objetivos te has comprometido a cumplir en el próximo año?
  5. ¿Cómo deberían ir las cosas en los próximos años?
  6. ¿Cuál es el sentido de tu existencia?

Recuerdo la confortable sensación que experimenté la primera vez que di respuesta a las dos primeras preguntas. Tener un inventario completo de compromisos, y haber identificado cual es mi trabajo en el nivel de las acciones y los proyectos, me aporto claridad y la tranquilidad de sentir que tenía todo bajo control.

Por otro lado, dar respuesta a las otras cuatro preguntas me ha aportado la información necesaria como para ir tomando decisiones que me han permitido ir moldeando mi mundo, en la medida de lo posible, a cómo yo quiero que sea.

A algunas personas, el saber dónde están, y tener la información que aporta la perspectiva, les hace sentir impaciencia y la frustración de encontrarse lejos del lugar de destino. Aunque yo soy paciente, de ritmo pausado, y me encanta la frase de Juncal que dice que “las prisas para los delincuentes y los malos toreros”, entiendo esa situación de frustración. Un buen antídoto para esta desagradable sensación consiste en reajustar “el zoom” y prestar más atención a la «tendencia» que a la distancia que queda por recorrer.
En mi experiencia, además de ser más motivador, fijarnos en nuestra progresión nos permitirá poder ir calibrando el ritmo de cambio, en función de los resultados que se vayan produciendo.

Si avanzas en la dirección equivocada, cada vez estarás más lejos de donde quieres llegar. Por el contrario, si avanzas en la dirección correcta, tarde o temprano terminarás llegando a tu destino.

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