El propósito como herramienta de perspectiva global

En el nivel más alto de la perspectiva llegamos a la cuestión fundamental: ¿por qué soy/somos? Y, ¿cómo soy/somos? (El «cómo» en este caso no se refiere a ningún método en particular, sino más bien a la naturaleza y la calidad de nuestro ser.) David Allen

Cuando conoces tu propósito de vida, sabes el rumbo, percibes los límites que no debes sobrepasar, sabes para qué y por quién te mantienes en pie y lo que te hace sentir bien. Como diría Frank Sinatra, tienes certeza sobre cuál es la forma de vivir «a tu manera».

Hacer el ejercicio de concretar nuestro propósito, y poner en palabras «nuestra manera de vivir», nos ayuda tener claridad sobre las decisiones que tendremos que tomar en nuestro día a día, si queremos comportarnos de manera coherente con nosotros mismos.

Si quieres hacer el ejercicio de poner en palabras tu propósito, mi recomendación es que crees una frase que dé respuesta a estos asuntos fundamentales:

  • ¿Para qué haces lo que haces?
  • ¿Cuál es tu forma personal de hacerlo?
  • ¿Qué haces?
  • Y, ¿para quién lo haces?

Tradicionalmente he dicho que para buscar la respuesta a estas preguntas pensáramos en historias de nuestra vida que nos han hecho sentir auténtico bienestar y desde esas historias que nos hacen sentir bienestar destilar «el patrón», la pauta que está presente en todas las historias. Pero, después de una interesante conversación con Eugenio Moliní en el Gait Co-lab 2014, creo que, en ocasiones, para poder dar respuesta a estas tres preguntas hay que buscar en un lugar más recóndito, llegar hasta «nuestro dolor más profundo» y, a partir de ese dolor, buscar el valor y la energía para «vivir a nuestra manera», curando nuestro dolor y sabiendo que la mejor manera, posiblemente la única, es dejar de mirarnos el ombligo y hacer un uso positivo y creativo de ese dolor.

En mi experiencia, tener claridad sobre mi propósito es uno de los aprendizajes más valiosos de mi vida, aunque no creo que conocer nuestro propósito nos garantice que nuestra conducta sea más inteligente ni más acertada a ojos de la sociedad. Conocer nuestro propósito simplemente nos garantiza que conoceremos el rumbo hacia el que dirigirnos si queremos «vivir a nuestra manera».

En definitiva, conocer tu propósito de vida te dará claridad sobre quién eres, cómo eres y qué decisiones tomar para actuar con sentido y de forma coherente con tu manera de ser y de sentir.

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